María Asunción Aramburuzabala, heredera del imperio cervecero Corona y considerada la mujer más rica de México, ha dado un paso determinante al delinear un sólido plan de sucesión para su fortuna de alrededor de 8 200 millones de dólares. A sus 62 años, esta magnate busca evitar los problemas que enfrentó tras la muerte de su padre y asegurar una transición ordenada dentro de su empresa familiar, Tresalia Capital.
Hace más de treinta años, Aramburuzabala tuvo que asumir el control de Grupo Modelo, fabricante de Corona, tras un fallecimiento inesperado. Desde entonces, no solo ha consolidado su posición, sino que ha multiplicado su patrimonio. Hoy, para proteger ese legado, ha reclutado ejecutivos de primer nivel —con experiencia en instituciones como Goldman Sachs, Credit Suisse y el fondo de Ray Dalio— para reforzar su oficina familiar y preparar el traspaso a sus dos hijos, Pablo y Santiago Zapata Aramburuzabala.
El equipo de gestión ya incluye a figuras como Rodolfo Pérez, ex de Goldman Sachs, designado CEO de Tresalia, y Antonio González Anaya, ex directivo de Credit Suisse, a cargo de investigación. A ellos se sumó Bruce Zimmerman, ex jefe de inversiones del fondo del multimillonario Ray Dalio. El objetivo: consolidar una estructura sólida que soporte el crecimiento del portafolio, que abarca desde inversiones inmobiliarias hasta tecnología y banca, y permita a la siguiente generación asumir responsabilidades con seguridad.
Formación de la próxima generación y diversificación del negocio
Los hijos de Aramburuzabala, que ya forman parte del equipo, tienen una ventana de oportunidad similar a la de su madre cuando asumió el liderazgo en su juventud. Por ejemplo, Pablo Zapata ocupa un rol en la división de capital privado dentro de Tresalia y participa en la junta de Barry’s Bootcamp en España; Santiago también ha sido integrado como miembro del consejo operativo, lo que demuestra una preparación estructurada y gradual.

La fortuna de la familia creció gracias a la venta de acciones de Grupo Modelo durante su integración con AB InBev. La familia ingresó unos 3 000 millones de dólares por esa operación y, desde entonces, consolidó un portafolio diversificado, con apuestas en tecnología, bienes raíces y venture capital.
Un modelo de transición ordenada en un entorno incierto
El enfoque de Aramburuzabala destaca en un contexto donde, según una encuesta de UBS, casi la mitad de las oficinas familiares latinoamericanas carecen de planes de sucesión. Pero ella ha insistido en la importancia de planear con anticipación: “No quiero ser esa líder típica que hace todo y luego, en algún punto, hay un vacío”.
Tresalia ya opera como una boutique de inversión, no solo como un family office tradicional. Y esta evolución permite que los activos se gestionen bajo un modelo profesional y replicable, sin depender exclusivamente de la figura de su fundadora.
Al poner en marcha esta transición, Aramburuzabala no solo protege su patrimonio, sino que también fortalece el rol de las mujeres en los negocios y ejemplifica cómo transformar la riqueza heredada en una estructura sostenible y profesional. Su proyecto va más allá de una riqueza personal: sienta un precedente para otras familias y empresas mexicanas que enfrentan el desafío de continuar su legado.
Con pasos firmes y una estrategia bien definida, la historia de María Asunción Aramburuzabala se perfila como un modelo de liderazgo visionario y previsión empresarial para Latinoamérica.